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lunes, 29 de junio de 2009

Esa Aquella Marcha Gay

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Eran ya casi las 12:00 pm -¡tarde, tarde!- corría sosteniendo a Javier (mi cámara fotográfica) y con mi otra mano cargaba aquellas orejas de gato que compre en la convención de anime.

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Ya pronto estaba ahí: los globos de colores revoloteaban entre los chicos, los trajes de papel y plástico de aquellas quimeras mal maquilladas salían a tratar de brillar con su pobre diseño, los carros llenos de un estridente ruido, los lentes de sol enormes, los pantalones ajustados, chalecos negros, barbas muy delicadas y peinas altos se manifestaron a todo lo largo y ancho de la ciudad.

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Y me sentí inundado de tanta gente; los gritos de -¡caminemos!- se escuchaban mas y mas, Javier se puso nervioso que comenzó a temblar –vamos, hoy es un buen día- le dije mientras comenzaba a tragar saliva para comenzar a caminar entre tanta y tanta gente. Aquí vamos.

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¿alguna vez pensaste cuanta gente pdiamos ser?

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Miradas tras miradas y más aun mas miradas, ¿Qué pensaran? Nunca podré saber, podemos imaginar lo que ellos piensan, pensar quizás lo que ellos piensan. Seguí tomando foto tras fotos, lugar y lugar de la ciudad donde siempre camino verla distinta, verla diferente a como es normalmente… hoy se sentía mas mía que nunca.

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Los monstruos de tela y de bellos corporales caminaban con sus sancos; enormes, blancos, inalcanzables y fabricada mente baratos; aun así, relucían como nunca pude imaginar. Caminábamos, corríamos, volábamos o quizás en otros casos levitábamos como semidioses mostrando al mundo nuestra belleza inigualable.

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No éramos todos, no fuimos todos lo que gritamos, ni fuimos todos lo que nos sentimos en un mismo lugar, aun así; gritamos, movimos, encendimos las calles de Oaxaca con todas nuestras sonrisas, nuestros gritos, nuestros colores y lentes de moda (sin mencionar alguno que otro disfraz). Oaxaca sintió lo que somos, vivió lo que sentimos y miro impactado los muchos que somos y los poderosos que podemos ser. Mas ya no podemos, porque un mas no existía.

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Hubimos guapos, hubimos altos, hubimos con pene y con vagina, hubimos feos y hubimos ciegos, pero no habíamos extraños, ni raros, fuimos por un pequeño momento, amigos, unos con otros. 

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Al fin el evento culmino; y yo aun sentía esa excitación que fluía por mi boca y por mis pantalones, te sentías… te sentías… ¡vivo!... ¡feliz y orgulloso! De ser gay o lesbiana o lo que tu quisieras ser, era le zócalo de Oaxaca el lugar más cálido que en ese momento pudiera existir.

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Sentirnos orgullo por esto, debemos; sentirnos felices, también debemos, y siempre debemos pensar que si no somos felices como somos nunca podemos salir de nuestro tabú.

… algo curioso y un poco raro. Al dispersarnos de la maraña de homosexualidad, solo al dar un par de pasos para llegar a trabajar, Oaxaca volvió (lamentablemente) a la normalidad –no paso nada, ni siquiera se escucho nada.-

... pero dentro de mi y de todos nosotros la fiesta y el puto orgullo arde asta no poder...

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Texto: Juan Carlos González Cruz

Fotografía: Juan Carlos González Cruz

Edición : Juan Carlos González Cruz

martes, 16 de junio de 2009

"Temporada de lluvia" Capitulo 1. Atrapado

 

Una tarde fría y nublada en el centro de la ciudad.
-    … esta lloviendo mucho.
-    Si, así es.
El comenzó a tiritar y reírse. Las bolsas que llevaba sonaban con las gotas que caían en ellas y su chamarra café lo abrigaba muy bien.
-    ¿Tienes frio?... ¿Con esa chamarra?
-    Aun así ya me dio frio…
(Sonido de lluvia) Los camiones pasaban salpicando de agua la banqueta donde estamos todos agazapados. –Tengo que llegar pronto al restaurant con estas verduras… no sé porque carajo me mandaron a mí  sabiendo que era probable que lloviera- enojado y un poco desesperado por seguir atrapado en la parada del autobús saque mi teléfono y me puse a escuchar música; aun con los audífonos y las gotas de lluvia resonando en aquel techo de metal, podía escuchar en mi mente como los dientes de aquel chico cascareaban en su boca… -Qué linda boca- pensé y volví a mirar al frente tratando de no reírme de él.
-    ¡Coño! ¿Por qué me mandaron sabiendo que llovería?-
-    … ¿Uhh?
El chico comenzó a reírse – No, nada, solo pienso en voz alta-. La lluvia no cesaba, la gente se agazapaba más con tal de no mojarse y de pronto mis pelotas comenzaron a enloquecer.
-    ¡Al diablo, me largo!
-    Pe-pero sigue lloviendo.
-    Tengo que llegar a entregar esto; además ya me desespere.
Afortunadamente al dar los primeros paso fuera un claxon me detuvo -¡Hey… Sebastián!- gritaron dentro del auto –Hasta que por fin estoy feliz de ver a mi primo- caminé hacia el auto cubriéndome con una mano y sosteniendo las bolsas con la otra.
-    ¿Vas para el rest?-
-    ¡Sí!
-    ¡Sube!
Ahora ya estaba feliz, seco, refugiado y caliente en el asiento de un automóvil; el semáforo marcaba rojo, eso me dio tiempo para ver de izquierda a derecha la cara de esos pobres soquetes que se seguían mojando; y lo vi a él de nuevo: mojado, con esa cara de estar harto.
-    ¡Oye chavo!
-    … ¿Ehh?
-    ¡¡Sube!!
Él sonrió tan majestuosamente que si fuera por eso, el sol hubiera salido en un segundo para iluminar la ciudad, así como ilumino mi rostro. Abrió la puerta trasera, puso sus bolsas a un costado de él y comenzó a sacudirse como perro. -¿Para donde vas?- le pregunté mirando por el espejo retrovisor – justo en el centro-
En un par de minutos estaba a pasos del restaurant – Puedo dejarte aquí, es lo más que te puedo dejar chavo, ¿esta bien?- le dije antes de bajarme -¡Si, por mi esta bien… gracias!- abrió la puerta y bajo a gran velocidad.
-    Te veo en la casa Sebastián-
-    Gracias primo.
Por suerte llegué a tiempo para entregar las verduras y las botellas; la gente que se refugiaba de la lluvia comenzaba a dispersarse al fin. Me pare frente a la puerta con los brazos detrás de mi como buen y educado mesero –Si, claro-, pensado en aquel dulce chico. De pronto,  de sorpresa aparece él a mi costado asustándome.
-    ¡¡… Al fin!!
-    ¡Qué!
-    ¡Llegué al fin!
El chico comenzó a bajar el zíper de su chamarra y entro al café que esta justo al lado del restauran donde yo trabajo; pasando un par de minutos apareció él acomodándose una gorra verde, fajando su playera a su pantalón  – No sabia que trabajabas a un lado…- dijo el chico mientras acomodaba su cinturón -¡Qué carajo…! – comencé a gritar dentro de mi. Aquel chico lindo que recogí en al parada del autobús trabaja a un lado mío.

sábado, 13 de junio de 2009

The Coffee Factory Cap. 2 "Orden 45"

 

En una oscura habitación, donde la única luz era la que los iluminaba. Carlos lo abrazaba tan fuerte – ¿Sabes que te ves mas lindo sin tus lentes?- le decía mientras acariciaba su boca –bésame, ¡por favor!- se escucho salir de sus labios; Carlos tomo su rostro con sus dos manos y…
“¡Muy buenos días!... son exactamente las 5:30 am del día 2 de mayo; les habla su conductor favorito de este su programa de radio  “Arruinando sus lindos sueños”  ¡comenzamos!...”
-     ¡Bahh y si que los arruinaste!... era un muy lindo sueño (se sentó en su cama y comenzó a bostezar y estirar sus brazos)
Sonaba la radio, mientras Carlos se ponía sus calcetines negros.
“… se registró otro caso de influenza humana en el estado, desgraciadamente  esta persona perdió la vida; amigos y amigas tomen sus precauciones que aunque estén flacos esta enfermedad los matara como cuches!!!... ouck oick!!... regresando al día, son exactamente las 7:30 am…”
-    ¡¿Qué?! ¡Es tarde!…
Carlos corría para no llegar tarde al banco, aun así se detuvo para comprar un expreso y ver a su chico –que raro, no esta- .
-    ¡Orden 45: expreso!
-    Si, gracias… disculpa ¿la chica de ojos claro y cola de caballo?
-    … ¡Anna!
-    ¡Sii!
-    Ella es del turno de la tarde, llega  hasta las 3:00 pm
-    ¿Enserio?... Y ¿un chico, moreno, lentes, como que me llega al pecho…?
-    ¡¡El chaparro de lentes!!
-    Si… él…
-    También es de la tarde, ellos solo estuvieron ayer en la mañana para cubrir unos turno, pero llegan a las 3 amigo.
-    Bien, ¡gracias!... gracias
Aquel chico alto se recarga en la barra con su cubre bocas viendo como me salía del café
-    ¡Hey!... ¡amigo!
-    ¿Mande?
-    Dejaste tu expreso en la barra
-    ¡Ahh!... si, mi café… (risa)… vale, gracias…. Otra vez.
“Las horas pasaban interminablemente sentado en mi silla, jugando con mi lápiz una y otra vez; no paraba de mirar el reloj -¡Que sean ya las 3!- te extrañaba y sin saber de ti si quiera tu nombre”. Al fin había llegado la hora; tomé mi cartera y salí hacia el café, dejando a mis compañeros de trabajo y, justamente a unos pasos de que yo entrara apareció el corriendo hacia la puerta –Lo siento, lo siento- dijo al entrar -10 minutos tarde – le dijo su jefe.
-    ¡¿10 minutos tarde?!  También él se retrasó hoy…aun así, si yo fuera su jefe no lo regañaría…

Algunas cuantas horas en el café.
-    Tu panino y americano Carlos.
-    Gracias Anna-
-    Ángel.
-    ¿Mande?
-    Se llama Ángel
-    ¿Él?... ¿enserio?...
-    Sí… bueno me voy, tengo que atender mesas.
Y el la barra comenzó a sonar su nombre: en cada mesero que pedía un cuchara, en cada taza que él servía, en cada carga de café que escupida la máquina. Estoy enamorado.
-    ¿Ángel, podrías ayudarme con estas órdenes?
-    Si, claro.
Y comenzó a repartir sonrisas en cada mesa donde pasaba, dejando un aroma a café recién hecho; tanto amor, tanta locura y yo era le único que podía disfrutarla.
-    Su americano señor… ¡Hey! Usted es el del banco ¿verdad? Al que no le gusta que lo vean a la cara.
-    ¡No, no! Bueno si, si soy el del banco, pero no me molesté… ¡no! Solo que me puse nervioso.
Carlos comenzó a hurgar entre sus tazas vacías de café sus hojas de trabajo
-    Bueno no nervioso, tenia trabajo… ja ja (cara de nervio)
-    Bien, creo… aquí esta su americano (lo miro a la cara)… ¿No es mucho café señor?
-    No chico para nada, alguien como yo puede con esto (cara y risa de orgullo)
-    Bien, que lo disfrute…
4:30 am…
Carlos caminaba de un lado a otro por su habitación, en su PC se escuchaba una canción baja para no despertar a sus hermanos.
-    ¡Coño! No debí  haber tomado tanto café.

martes, 9 de junio de 2009

The Coffee Factory

Capitulo 1. El Chico Nuevo


-¿Lo de siempre?-
-Sí-

Verlo es más que suficiente para poder sonreír todo el día; siempre feliz, siempre alegre y educado – aunque quizás sea así por su trabajo- tal vez siempre sea así, no lo sé, pero no logro evitar contemplarlo.
-    Hey, amigo… amigo!!
-    … ¡!! Ehh!!? … mande?!
-    Aquí tienes lo que me ordenaste, ¿Estas bien?
El ruido de las risas de los demás clientes se mezclaba con el sonido de la cafetera gigante. Como siempre, desde hace tiempo, me siento en la misma mesa que está hasta el fondo, en una esquina. La tarde era fresca y soleada, y más hermosa que ayer, más elegante, divertida, lindo, sencillo, atractivo…
-    ¿Estas bien?
-    Si, gracias señorita estoy bien, es solo que… -
-    (La chica miro hacia donde se dirigía mi mirada) ¿Es lindo verdad?
-    ¡¿Eh?!... este!!.. que!!... mande?
-    O a cual de mis 3 compañeros que están en la barra veías; el único que se distingue bien es él.
-    Sí, lo veía a él. (Sentía tanta vergüenza que creo que casi me orinaba, pero también, sentí  desahogo)  Y…  ¿Cómo se llama?-
-    No sé. –
-    ¡Qué! Trabajan juntos, deberías de saberlo ¿No? –
-    El es nuevo aquí, pero con gusto conseguiré su nombre y número telefónico (me da de golpecitos en mi hombro con su codo) solo para ti. –
-    ¿Pa-para mí?
-    ¡Por supuesto! Ya eres cliente aquí desde hace mucho tiempo; y es raro el  que nunca hayamos charlado antes.
-    Sí, es cierto. Mi nombre es Carlos, trabajo en el banco que esta a un par de calles el… -
-    ¡Calla! Recuerda que no podemos decir marcas.
-    ¡¿Eh?! –
-    Yo soy Anna, soy tu mesera  de éste, tu café favorito.
La nueva mañana era mas cálida que la de ayer – ¡Qué calor! espero que la chica traiga pronto las bebidas –
Mientras en el café.
-    ¡¡Hey!! ¡¡ Chico!! Date prisa para llevar el pedido al banco.
-    En eso estoy, solo termino de colocar las tapaass... ¡¡Listo!!-
-    Bien, la cuenta esta a tu lado, busca al asistente del jefe de ventas, él te pagará –
-    Banco, cuenta, asistente, jefe de ventas… correcto... –
-    ¿Y qué estas esperando?
-    Ya voy ¡Ya voy! –
-Nananananararnara busco al asiste del jefe de ventas, traigo una orden de la cafetería- escuché desde el piso de abajo. Bajé la mirada desde la ventana de mi oficina-
-    ¡Es él! –
-    Disculpe señor ¿Dijo algo? –
-    ¡No! Nada…
Y de nuevo comencé a contemplarlo: su gorra, su pantalón de mezclilla, su mandil verde y esa linda playera verde oscuro (suspiro) es tal como lo dije ayer: verlo es suficiente para sonreír todo el día y parte de la noche aun durmiendo.
De pronto el chico dirigió su mirada a la ventana de Carlos; Carlos lo miraba tan atento como si lo cuidara con su mirada –¡¡Demonios!! ¡¡Me miró!!- el chico subió las escaleras para dirigirse hacia su oficina. Carlos comenzó a ordenar sus papeles y acomodarse su corbata desenfrenadamente.
-    Que tal busco al asistent…
-    Si, si si!! Soy yo, ¿eres nuevo verdad?  Aquel chico tenia tanto trabajo que no dejaba hablar al chico, mientras él revisaba documentos
-    Buen…
-    ¿Traes la cuenta?
-    Sip…- 
-    Bien, gracias, aquí esta, tómalo ¿Cómo te llamas?
-    Me lla… eh?-
-    Por favor, llévale esto a mi jefe, tengo que contestar esta llamada… Si, como él decía… no lo molestes solo déjalo ahí y esfúmate… no, no es convenient…
-    … (el chico levanto una ceja) sí… pobres infelices trabajando todo el tiempo.
Cuando me di cuenta él ya estaba dentro de mi oficina viendo como limpiaba una mancha de tinta de mi camisa desfajada y la secaba con el ventilador; el sostenía mi café y levantaba una ceja casi hasta el techo. Me senté rápido  en mi silla, cuando el comenzó a avanzar.
-    ¡Qué! ¿Tengo algo en la cara o qué? (… mierda porque dije eso)
-    No-no disculpe, aquí esta su café, con permiso, lo siento (aun con lo que le dije él se despidió de mi con una gran sonrisa)
-    Descuida.
-    Bueno, adiós.
-    Si. Este…?
-    ¿Sí?
-    Nada –
Camino de regreso a las escaleras mirando todo a su alrededor con una sonrisa en su lindo rostro; yo sudando, con la camisa húmeda y desfajada, mi asistente gritando por el teléfono, el calor increíblemente devastador y él, fresco como un cubo de hielo. Verlo es como ver la luna cien veces mas grande, como beber agua después de vagar mil años por el desierto; es simple como ver un ave volar, una hoja caer; simple pero hermoso. Del ventilador de piso comenzaron a brotar cientos de trocitos de papel picado de varios colores, Carlos dio un gran suspiro como si de un momento se hubiera refrescado… comenzó a beber su café helado… -“Es simple pero hermoso, simple y sencillamente… (Comenzó a sonreír solo)… simplemente hermoso”-