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martes, 14 de enero de 2014

León mecánico. Toxico.

Me olvidé cómo se va y hacia dónde se pierde.

Garras y fuego visten a un animal extraño;

Marte le da una espada que, en su hocico blande en contra mía.

Hay miedo y adrenalina, gas y neón en mis venas.

Odio y celos para la familia que abandone cuando ellos

                               me olvidaron.

 

                         La decepción del sueño:

el animal de metal y éter que me besa de noche y se burla de mí.

Su melena, sus dientes, sus ojos de madera, ónix y cadmio.

Todo soñado, todo hermoso, todo pálido y, con alaridos

los besos que nos dábamos se desvaneció por las hendiduras

                                   del despertar.

 

Se fue con sus garras de macho, su melena negra y sus ojos de cadmio.

Y ardiendo en su cuerpo una hiedra roja, muy roja, que

me escalda la mañana.

 

Maldito león mecánico, que me acosas también en sueños

donde, me sodomizas con tus besos de mercurio y plomo toxico.

 

A.L

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