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martes, 10 de noviembre de 2009

cap 6

Donde quiera que estuvieras ya no estabas para mí… y… y… la verdad como me duele eso…

Vengo aquí ante tu lápida a dedicarte un par de lágrimas - ¿Por qué? Ya no estás donde deberías de estar; y yo, me hundo en silencio ante ti con mis lágrimas. Un sonido como si algo pesado cayera en un hondo pozo; trato de nadar y escapar de mi dolor, pero éste es como agua estancada; pesada, fría, oscura que no me deja salir - ¡Me ahogo! Peleo contra una paciente agua cruda y doy sorbos de aire para mantenerme a flote aquí.

El Pájaro De Fuego

Capítulo

6 “Proyecto “R”

Parte 1”

- ¿Por qué ya no estás donde debes de estar?

El cementerio se volvió un gran paraje solitario donde solo tu nombre estaba grabado y encima de nosotros dos, un gran árbol veraniego; sus hojas calidad y quemadas se desmayaban un tras otra sobre de tu cuerpo – sobre de tu caja… tu casa. Ya no existías más; te habías apagado como una luz en el cielo; ¿Qué había sido de ti? ¿Qué fue? ¿Qué será…? ¿Qué será?

Sí, lloré, lloré como nunca he llorado; me castigué, me revolqué, me deshice una y otra vez, tras de mi rostro seco, pálido y casi – como tu – muerto ¿A dónde iré ahora que tú no estás conmigo?... ¡Dime... dime! ¿Qué será de mi ahora que estas donde no estoy? Tenía que regalarte, que gritarte; tenía tantas ganas de golpearte y de abrazarte diciéndote lo tonto que habías sido; lo estúpido, lo solo que me habías dejado; pero tú no lo sabías, ya no estabas para sostenerme; para evadir mi golpe, ni para abrazarme cuando yo te abrazara; no eras más que nada, más que nada eras un recuerdo… eras eso, nada y un recuerdo, todo para mí y un recuerdo ¿Por qué…?

¿Por qué tener que llorarte aun después de muerto; si yo jamás lloré cuando estabas vivo? Mis pensamientos eran ecos en este sitio abandonado por la vida; un color grisáceo no dejaba que ningún color se acercara; y las flores pausadas. El día era opaco, nublado o que se yo; era tan triste como yo ¿Qué más te pudo decir si no me estas escuchando? ¿Quién me puede asegurar que hay vida después de la muerte? Mis guantes de cuero apretaban la tierra donde dormías – o donde morías una tratando de salir de ahí. ¿Y si aun sigues vivo? En mi arrebato de desesperación comencé a escarbar como loco con mis guantes -¿Dónde… donde? No estabas, solo tierra tras tierra; nada tras nada; y me detuve, lloré de nuevo mi impotencia y mi desesperación; como esas veces que lloraba y aparecías tu para aliviarme con uno de tus besos – pero hoy ya no apareciste. Y entendí la razón de que habías muerto, que ya no estabas vivo y que nunca regresarás… que nunca volveré a verte – ni reír, ni llorar, ni dormir, ni comer, ni estar ahí… susurre mientras mis lágrimas entraban por mi boca; tanto es el dolor que acoge mi pecho que siento como si fuera a explotar de el ¡Por qué ya no estás donde deberías estar?! Mis manos te gritaban y te gritaban y dentro de ellas te rogaban con palabras altas que no te fueras; que regresaras de donde estuvieras; que renunciaras a la vida eterna y estuvieras aquí conmigo para volvernos a morir los dos…

… para morirnos juntos y vivir la eternidad los dos; juntos, no separados el uno del otro…

Donde quiera que estuvieras ya no estabas para mí… y… y… la verdad como me duele eso…

Apenas unos días te vi salir de casa – como siempre a las 5:00 pm. Y verte regresar más tarde – como siempre. Siempre era así, nunca faltaban esas dos cosas: irte y regresar; recuerdo que me mandaste un beso desde fuera; yo aun tenía en mis manos parte de la fruta que compraste ¿Y qué hice yo? Mis dientes estaban a punto de romperse - ¿Qué hice yo? Solo sonreí… solo sonreí… ¿Quien me iba decir que para cuando pensara de nuevo en ti tu estarías muerto? Debo haberte dado un besos más… un beso mas en tus labios y dejarte ir… ¿Qué más podía hacer si no sabíamos lo que nos pasaría? Le seguía hablando a la tierra. ¿Qué-qué podía yo hacer…? Yo no… yo no… ¿Por qué no puedo justificar mi error?

- ¿Qué error?

- Pues… yo… no hice nada antes de que él se fuera

- ¿Y es tu error?

- Yo… yo solo…

- ¿Hasta cuándo dejarás de tratar de hablar cuando aun sigues llorado amargamente?

- ¿Dime que es lo que debo hacer?

- Llorar y después hablar

Dzahuindanda estaba detrás de mi mirándome fijamente; que esperaba a que terminara de hacer lo que estaba haciendo. ..

Si en verdad existiera Dios ¿No debió haberme dicho algo antes? ¿Por qué tuvo que alejarme de ti si eras lo único que me hacía en verdad feliz? La tierra húmeda de lágrimas no me decía nada - ¡Por qué no me respondes!- gritaba y golpeaba tu tumba una y otra vez, en espera de una respuesta – no importase de quien - ¿¡Por qué ya no estás donde deberías estar!? Me cubrí la cara llena de dolor con mis manos llenas de lo que quedaba de ti, y solo mis alaridos eran el viento que bailaba sobre los dos… - ¡No… no… tu no… !

KL continuaba leyendo a Carlos; cada palabra que el decía pasaba por el micrófono asía el.

Carlos mirada la nada sentado en la silla de metal; un frío intenso y casi insoportable comenzó a brotar desde su espalda y lo invadió tan rápido que parecía un cubo de hielo; su mirada parecía como si fuese a llorar ¿de que… porque? Las palabras, palabras que él decía, el mismo (KL) parecía como si estuviese a punto de llorar – pero ya no puedo. Se susurraba detrás de sus lentes negros…

… palabras; palabras que me decía y le decía, cosas que parecían recuerdos, pero no eran; que si eran pero no sabía lo que eran. Ni cuando, ni como, ni quien fue… ¿Quién murió? ¿Dónde? ¿Porque?.... palabras… y solo me queda desmoronarme sobre la silla y llorar el dolor del autor…

continuara negro2

jueves, 5 de noviembre de 2009

El Pájaro De Fuego Cap 5 " Dime tú ¿Qué te hace feliz?... "

nacimiento_fenix

Eran de metal, de tela sintética, de una cosa extraña que mis ojos nunca habían visto – eran horriblemente estilizados; esas criaturas fantásticas de las películas de eras futuras. “Hombres astronautas” era lo único que me llegaba a la cabeza; la leche se derramaba sombre mi y goteaba con un eco reluciente que chocaba con sus cuerpos “deformes”.

- … (estática)… (estática)

Sus grandes visores negros en forma de ojos enormes o de letra “V” me observaban pacientemente desde unos metros donde yo seguía en el suelo – llevan ahí 2 minutos sin moverse. Pensé mientras no le apartaba la vista a sus visores ni a esa enorme vara delgada que uno de ellos sostenía con uno de sus cuatro brazos. Hubo un sonido intermitente, el más pequeño de “esos” alzo su mano al pie de su pecho y miro su palma; cuando entonces comenzó de nuevo al estática – ruidosa y molesta… muy molesta. Era como si la estática emanara de ellos, como enormes televisores o refrigeradores vivos.

- … yo… que-quee

Las palabras no nacían de mí - ¿Qué podía preguntar? “eso” de cuatro brazos y “eso” de estatura media y cintura delgada se apartaron cada uno a sus esquinas dejando pasar al tercero que vestía de una manera ligeramente distinta: era un ser más grande que el pequeño, pero no tan grande que el de cuatro brazos; cargaba un par de hombreas oscuras que se distinguían muy fuerte en su traje (o piel) blanco, reluciente como plástico, y en medio de su pecho un la letra “V” en forma muy estilizada. “Esto” se acerco haciendo la estática más resonante en la habitación hasta que el presionó su muñeca un par de veces y…

Vamos háblame, dime algo… lo que sea que te llegue en este momento. Miraba tu rostro mientras dormías sobre la cama.

- ¿Qué esperas?

-

El sonido de los golpes de teclado resonaban en las paredes del estudio; Dzahuindanda dormía con él acurrucado en sus piernas mientras que yo no dejaba de derramar mi cerebro en el teclado - … ¿Cómo es que sigues aquí si no estás aquí?...

Te miraba a una distancia, yo, sentado en mis escritorio, decías que podías sentir cuando te miraba recostado en la cama; cuando los rayos del sol que atravesaban la ligera cortinita de aquella ventana frente a la cama, chocaban en tu piel, dándote más brillo – iluminabas todo el cuarto y toda mi cara… mi aura era tu luz. Vaciaba grandes suspiros en tu mirada y colmaba de sonrisas sin sonido toda tu piel - ¡Ah! Que cálida llegaba a ser, tanto que se derretía en mis muslos cuando te tocabas con ella.

Dzahuindanda se despertó, bostezo y me dijo en una voz somnolienta – Oye, tengo hambre.

- Si…

Coloque un plato de comida y lo veía comer poco a poco, como si cuidara que alguien no se la arrebatara -¿Se quedara todo el día?- me dijo mientras masticaba. Yo me volví a la cama a verlo de nuevo; puse mis manos en mi cintura y suspire profundo…

- Él no se quiere ir y yo pues…

- Está bien… está bien.

Dzahuindanda regreso a la cama y yo me volví a sumergir en mi maravillosa fantasía “la enorme fantasía de verte dormir sobre de mi cama…”

Carlos se sorprendió al escuchar su voz; era la segunda voz y la primera con un cuerpo que, miraba después de despertar. Lo miro atentamente, con miedo, curiosidad y confusión.

- Dije, buenos días Carlos.

- Buenos días… señor.

- Bien, comencemos…

Su voz era extraña, como si fuese una grabación, como si tuviera un micrófono en vez de cuerdas bucales; no mostraba ningún movimiento en su “casco”… no mostraba nada… nada.

La voz de nuevo aprecio dijo:

- Ellos son técnicos de este lugar… te harán unos análisis, por favor no te resistas, no te haremos nada.

- ¿Por qué?

- Es necesario

- ¿Para qué?

- Para saber si estás bien.

- ¿Para qué?

- Para continuar con esto

- ¿Con cuál?

- Aun no lo puedes saber

- ¿Por qué?

- …

“Él” se acerco a mi lentamente extendiendo su mano para levantarme – Te hablaré de porque mi voz suena a si, ven, siéntate.

Nuestro mundo – no el tuyo. Es distinto y más extraño de lo que tú te imaginas, tu cerebro por más que intente, no lograría entender el hecho de este lugar, de este sitio, de este momento y de nosotros. Ya no somos humanos, cruzamos ese nivel primitivo; formamos una nueva especie de ser; mas que un primate, más que un humano, más de lo que te llegaras a imaginar; no carecemos, solo no nos es necesarias las cuerdas vocales como las que tienes tu; nuestro sistema es mas evolucionado, no necesitamos de tus antiguas palabras, sonidos, letras… ya no más.

Se acerca la voz de techo para agregar – Nuestro sistema de alfabeto tiene más de 500 palabras por así decirlo; nuevos sonidos que tu antiquísimo sistema humano no puede ni siquiera lograr simular; usamos nuestra tecnología para traducir nuestro lenguaje hacia el tuyo, es por eso que nos escuchas así. La criatura pequeña y delgada se acerco y dijo – Así es Carlos. Con una voz de mujer con un acento español. La voz en el techo dijo –ya que descendemos de los de ustedes y de sus razas antiguas, este dispositivo emula a la perfección lo que sería la lengua de origen nuestra; “ella” tiene su asentó en castellano; el que está cerca de ti habla perfectamente el latino; y el de el fondo solo inglés….-

- ¿Cómo se llaman?

Lamentablemente ni siquiera el dispositivo puede amular sus nombres; ya que son palabras que no logran coincidir con ninguna del alfabeto de Carlos. – Es imposible que logremos describir al menos nuestro nombre. …

El pájaro de fuego

Cap. 5

¿Qué te hace

feliz?

El sonido de loas pajarillos entraba por la muerta y la cortina; Dzahuindanda los mira muy pacientemente sentado a un lado del filo de piso; de bajo de él ( en el patio) subías las escaleras con una bolsa llena de fruta. - ¿Dónde estás? Siempre preguntabas cuando sabias donde estaba yo exactamente. Todas las tardes de todos los sábados cuando salías a comprar uvas y naranjas, yo me sentaba en el pequeño cuarto que construí arriba – Ahí en el escritorio donde está la máquina de coser. Y cosía mis trabajos, remendaba tus calcetines rotos y cosía almohadas.

Pensaba - ¿Cómo llegamos a tanto? Mientras mis dedos maniobraban tus calcetines; la aguja pasaba de afuera a adentro; punto a punto; - Creo que ya son muchos- me dijiste al subir las escaleras de metal que daban al pequeño cuarto de madera; tomaste una silla y te sentaste al revés en ella.

- ¡Ah! No sé como llegas a maltratar tantos calcetines

- No losé… (sonreías)

… todo, absolutamente todo lo que hacía, decía cuando estabas conmigo era porque querías que lo hiciera; no había otra razón ¿O sí? Si me decías que caminara, caminábamos, si me decías que saliéramos a cenar, íbamos al lugar que más te gustara; ¿Por qué no me importaba? ¿En dónde estaba mi vida?

Esa vez; que te sentaste a un lado mío, me abrazaste y me quitaste el hilo de las manos - ¿A dónde iremos hoy?- me preguntaste mientras olías mi cabello – Donde tú quieras… lo que sea está bien- te respondí mientras cerraba los ojos y disfrutaba el sonido de tu nariz…

… el sonido de tu nariz; respirabas y olías; olías y aspirabas; y yo, yo me dejaba respirar. Me preguntaste algo; eso que nunca habías preguntado; algo que nuca paso por mi mente hasta ese momento. Me dijiste mientras aun me respirabas - ¿Qué te hace feliz? Comenzaste a platicarme que cada cosa que hacíamos era de ti, por ti ¿Qué había de mi? ¿Qué me gustaba? ¿Qué era lo que yo quería?

Prefería yo, recostarme y dormir por un buen rato, o ver comer a Dzahui, o jugar un par de cartas, o simplemente ver el televisor; no había en mi algo importante por hacer; todo lo que hacía eran tan trivial que me daba pena incluso pensarlo – No, sé que hay mas … dime.

No sé, quizás salir a tomar fotografías, y a un lugar desconocido e invadirlo con preguntas y curiosidades - ¡Y muchas fotos…! Podría quedarme paciente a ver una buena puesta de sol; pero de nuevo pensé que era tonto. Me quitaste el brazo, te levantas y me dite un beso en la frente – Baja, prepararemos algo de comer…- y te fuiste. La última vez que te vi sonreír…

… su mirada temblaba y sobre ella lagrimas secas estaban; su boca ya no podía estar más tiempo abierta, pero aun así esta forzada; una mano, un guante blanco estaba cerca de él. RK miraba atento detrás del espejo.

- A sido introducida la vara rastreadora al cuerpo del sujeto señor.

- … ¿Lo están lastimando?

- Los sensores indican que no, solo está asustado e incomodo.

- Perfecto.

El sujeto de las grandes hombreras habían atravesado a Carlos con esa vara negra;: entrando por la boca y llegando casi al recto. Carlos temblaba de miedo mientras escuchaba la voz distorsionada de “esa” que decía – tranquilo, mientras ella solo miraba desde sus lentes oscuros.

En cuestión de segundos la vara se hizo diminuta y salió de golpe del cuerpo de Carlos, asiéndolo toser. “Eso” revisó su muñeca y se levantó acariciando fríamente la cabeza de Carlos – Eso es todo por ahora, gracias. Y se marcharon sin siquiera hacer ruido al caminar.

- Gracias Carlos, gracias por cooperar con ellos.

- … ¿Por qué?

- ¿De nuevo?

Carlos miró el espejo mientras se asobaba el garganta, miraba fijamente con una mirada muy fría y molesta – Dímelo…- le decía al espejo. KR pregunto si Carlos podía ver detrás del espejos pues, sus miradas se cruzaban exactamente. – No señor… no puedes es solo una coincidencia, hay una escala de 0.2 de 3.000.000.000 que sus miradas coincidan señor. Carlos la mantuvo ahí, desnudando a RK; - Dímelo… ¿Esto te hace feliz? - RK trago saliva, apretó su libro y respondió irónicamente.

- Dime tú ¿Qué te hace feliz?

- …

“… y a veces cuando cierras los ojos vez el lugar donde naciste… “

jueves, 22 de octubre de 2009

Capítulo 4 “Las naranjas en el cielo y los días que pasan sin verlos”

cap4

Día uno:

Después de despertar en este lugar; después de tratar de entender miles de veces lo que aquella voz me dice; después de… después de ver mi rostro de nuevo en un espejo al fin puedo dejar de buscar una escapatoria. Cansado y resignado a creer esto, deduzco por mí mismo que estoy muerto. - ¡No lo estas… reviviste! Dice e insiste la voz que suena en un micrófono en el techo, detrás de mí, frente, del espejo. Acaricio el espejo para sentir mis manos – Mira mis labios que tan quebrados quedaron. Me decía a mi mismo mirándome aun en el espejo.

Me regalaron una libreta y un lapicero – que raros, no son la clase de papel que recordaba, ni la clase de plumas que usaba…-.

¿Cuál es la razón de seguir vivo? Si es que lo estoy, o ¿Cuál es mi siguiente tortura si estoy muerto? ¿Qué es este lugar tan cómodo? Mi mente se aturde al pensar esas cosas; trato de asimilar – 100, 200, no sé, quizás 300 años después de muerto y sigo vivo ¿Cómo? ¿Por qué?

- ¿Cómo?... ¿Por qué?...

- … (sonido de estática)

… Mi vida antes de muerto no fue tan satisfactoria más que mi vida después de muerto.

- Buenos días Carlos

- ¿Cómo puedo saber que es de día?

- Porque yo digo que es de día…

- … bien

Carlos rasguñaba la mesa de acero que tenia frente de él; - hoy estás más tranquilo ¿Podemos hablar? Decía la voz distorsionada. – Claro, de que quieres hablar… ¿de qué?

… Hablar de ti me vuelve loco – lo sabes… prácticamente soy un loco al hablar siempre de ti. Bajo de mi techo arrugado, sobre las nubes que suelo dibujar con mi lápiz, en el andén de un tren imaginario… donde sea; pensar en ti es un deleite magnifico que solo se puede comparar con verte.

Iba bajando por la calle – esa calle empedrada bonita con un montón de gente a mí alrededor. Como siempre: ausente del mundo accidentalmente tire mis libros; me agache para levantarlos y una mano apareció.

- ¡Qué gusto volver a verte! … Carlos

- … Si… ¿Quién eres tú?

- (Una preciosísima sonrisa) soy Ramiel…

Y mi vida comenzó a girar de nuevo, a moverse como un reloj con pila nueva - ¿Quién era? No lo sé; no recuerdo conocerlo, ni recuerdo su rostro tan lindo… - Bueno, espero volver a verte… Hasta pronto.

- … y se elevo al cielo infinito…

- Y bla bla bla… tu encontraste una nueva razón para seguir vivo… ¿Cierto?

- … si.

- Pero… esa razón no duro mucho… ¿Verdad?

- … si lo sabes ¿para qué lo preguntas? ¿No ves que estoy aquí?

- … si

Mi muerte no fue tan interesante; no fui arrollado, ni asesinado, ni mutilado ni mucho menos fui lo suficiente como para provocar un gran escándalo – no desde mi punto de vista… cuando estaba frío en el piso de mi habitación.

Día 2

Galletas hechas de un material extraño – parecen de pan y pedazos de chocolate. Un vaso de leche… o eso parecía; y una pequeña capsula de gel amarillo, del tamaño de de mi uña del dedo meñique. – Esta te dará los nutrientes que tu cuerpo necesita- decía la voz que siempre me parecía la misma pero extraña.

- ¿Cómo se que no es veneno?

- Porque para que queremos volver a matarte

- ¿Volver?

- … come.

Las mañanas – si es que podría llamarlas así; eran monótonas, simples, triviales hasta el momento. Una vaso de leche fría, un par de galletas sintéticas y una capsula amarilla, en esa mesa de metal brillante y helado como un tempano…

El Pájaro de Fuego Capítulo 4 "... ¿Qué es más lindo que ver crecer una naranja en el cielo?"

… como el tempano que flota y se va cayendo delicadamente frente de mi - ¡Ven corre! Me gritabas mientras te dirigías hacia la multitud de gente; tus ojos brillaban tan fuertes con esas hermosas luces que marchaban lentamente como hormigas luminosas en aquellos árboles del centro de la fría ciudad.

- ¡Por favor!

- ¡Oh! … No seas huraño

Me tomaste de la mano. Aun con ese par de guantes - ¡Como podía sentir el calor de tus manos! Ese cálido fulgor que emanabas desde tu pecho, pasando por tus guantes y saliendo como fuente en aquella bufanda blanca que te regalé; tu cabello corto brillaba como espejo, tu piel clara, cálida, tersa, tu sonrisa que derrumbaba cerros y barreras en mi corazón era más potente hoy – no sé porque vi ese tempano, quizás lo aluciné.

Jalándome me llevaste hasta el centro de la multitud; cubriste mis ojos con tus manos… te agachaste un poco y me susurraste con tu cálido aliento en mi odio.

- ¿Qué es más lindo que ver crecer una naranja en el cielo?

- … no lose dime tu… ¿Qué es más lindo que ver crecer una naranja en el cielo?

- Es… ver… crecer naranjas en el cielo…

Continua escribiendo sombre las hojas de papel.

La estática es más sonora; sospecho de algo que no sé; sospecho compulsivamente de algo que probablemente sucederá; ¿Cómo lo sé? No lo sé, pero creo que sucederá… no por nada me dieron esto para escribir…

- ¿Por qué?

- ¿Por qué… qué?

Volví a preguntar de nuevo a “él” que me miraba desde un lugar extraño y me respondía como Dios encima de mi cabeza – Aun no puedes saberlo… en realidad ni yo mismo estoy seguro del porque. Repetía con un tenue eco que producía la habitación. Mientras él seguía leyéndome al parecer esta historia que me sonaba conocida.

… la noche era fría y se vestía elegantemente con el vaho de la gente y con las luces de los focos enredados en todas partes. Era una dama luciendo su mejor vestido para la especial ocasión.

- Mira tú mismo…

-

Efectivamente tal como él me lo dijo; en ese inmenso y oscuro cielo comenzaron a crecer naranjas: verdes, rosas, rojas, amarillas, naranjas… el cielo se cubrió de ellas que, tiritaban cuando se expandían y desaparecían en un bostezo. Maravillado por el impacto no pude evitar dejar ir una sonrisa. Era no solo impactante ver esas naranjas en el cielo: cientos de luces desprendiéndose de un pequeño punto en forma de naranja… no, no era solo eso; era el hecho que tu estabas ahí, conmigo, ¡Conmigo! Abrazándome detrás, susurrándome lo mucho que me querías y lo grandioso que era para ti verme feliz a tu lado. – ¿Qué es más lindo que esto? Seguías diciéndome detrás de mí sosteniéndote en mis hombros y dejando que la gente viera tu blanca sonrisa. - El verlo contigo… susurré casi mudo para evitar que te rieras de mi; pues creía que jugabas a ser cariñoso. Más unos segundos después me dijiste con tu voz arriba de mi cabeza – algo más hermoso que esto… es el verlo contigo…

Una chica volteo avernos; tú la miraste y me abrasaste más, diciéndome mientras metías tu boca en mi cuello – Es tanto el frio aquí… vallamos por algo caliente, ¿Va? Y comenzaste a caminar mis pasos, justo detrás de mí, como si fueras mi sombra; la gente oscura nos miraba y se derretía en confusión y desagrado… yo… yo no pensaba que debía pensar. Solo cerré un segundo mis ojos y lo disfruté.

Aquella noche fría y luminosa eras tú el que me quería y yo el que (por fin apestaba) quería… dejamos el tieso piso y nos fuimos detrás de aquellas naranjas en el cielo…

Día 3

Aun no logro adivinar cómo es que me da tanto sueño en un segundo y caigo dormido sin pensar en más, sin soñar nada… y despierto acojinado en la cama blanca. Las galletas y la leche fría están siempre ahí, esperando a que hoy las coma… y esa capsula amarilla que no huele a nada, casi no pesa nada y esa estática.

- Buenos días Carlos

- … buenos días

- ¿Hoy tampoco comerás nada verdad?

- No… no lo haré.

A cada minuto me sentía más cansado, más débil – Quizás deba de comer eso que está en la mesa… o quizás no… da igual si “muero de nuevo”… no hay una razón para hacerlo; no para mi ¿Cuál es el caso de comer si lo mas probable es que este muerto?

- Perfecto… Carlos, quiero que conozcas a unas personas

- ¿Pe-personas?

- … solo… no te asustes.

Detrás de mi se abrió la puerta de metal, dejando entrar a tres criaturas como hombres del espacio… una tenía cuatro brazos blancos…

Carlos cayó al suelo desmayado, derramando el vaso de leche en la mesa de metal. Su cuerpo estaba en el suelo, húmedo por el goteado de la leche.

continuara negro2