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jueves, 5 de diciembre de 2013

Para los que murieron y no revivieron.

 

Para los que se fueron sin despedirse,

sin decir “Adiós”.

 

Ya me fui.

Me cabe de una vela que ni luz negra fue a dar.

 

¿Por qué estás viéndome morir?

Cuando deberías estar viendo el mar, o las estrellas.

Con tu ojo único.

 

Vete antes que me ponga verde y gordo.

 

Me fui sin ponerle agua las flores.

Eternamente sobre una alfombra escarlata.

Me desaparecí en una onda de choque natural

en el seno de la realidad que me consumía

en una enfermedad de amor que me chupo le sangre y me dejo seco, como tu pupila blanca; como de perro.

Quema mis cosas,

regala las restantes drogas para otro desquiciado esperanzado alguno.

Rompe mis fotografías, mis poemas y mis dibujos.

 

Deja de sorber sal y acepta que ya me fui.

Ya olvídame, y acepta que no existo.

 

Se fue la más negra, la más ramera,

la más nefasta, solar y enferma alma.

Se quemo entre tinieblas de tubos y respiradores artificiales.

Se la paso segundos antes llorando de dolor y rabia

sobre camas de miados de antibióticos.

 

Te debería odiar por inventarme eso de amar.

Debería con mis últimas fuerzas ahorcarte y llevarte a mi hoyo.

 

Para los que se fueron sin decir “Adiós” y sin:

despedirse.

Atte.

El alma más enferma por sangre casada y enferma de poesía y arrogancia.

No me busques que ya me fui y no volveré.

 

A.L

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