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lunes, 3 de agosto de 2009

bye

Mañana, mañana que amanezca te diré eso, mañana en la mañana que vuelva a amanecer solo en la cama, soñando aun cuando mis ojos están abiertos (pensar en ti).
(La tarde más húmeda y nublada de la semana) Carlos miraba la calle desde su oficina; suspiraba y dibujaba con su dedo la caída de esas gotas derribadas por el cristal.
(Voz de recuerdo mientras sigue mirando la ventana)
-    Carlos no puedes evitarlo.
-    Pero… en este momento no son mis planes.
-    Lo sé. Eres el mejor que tengo en esta empresa y es necesario que vallas ahí lo más pronto posible.
-    …
-    Te tienes que ir a los Ángeles… tiene que ir… ir… ir… ir.

The coffee Factory

Capítulo 4

“Volveré…”

Otra tarde en el café:
-    Hola
-    Hola…
-    ¿Sucede algo… Carlos?
-    No, es solo cosas del trabajo (sonrisa)
-    Bien.
-    ¿Qué tal aquí?
-    Mucho trabajo también (voltea a ver la calle nublada) esta temporada de lluvia es buena para el café.
-    ¿Y para ti?
-    También… es un buen tiempo.
Carlos comenzó a leer hoja tras hoja de la oficina; una taza de café caliente humeaba a su derecha –ya que el antiguo jefe de departamento sufrió un accidente, se le otorga el cambio de sucursal a Los Ángeles,  California para… -
-    Los Ángeles… creí que nunca me aceptarían
… (Corriendo con zapatos; saltando los charcos que se formaban en el suelo del centro de la ciudad) “… Hoy…. debe de saber….”… (Despierta, con una tormenta)
-    Son las 2:00 am…. Esta lloviendo.
Carlos miraba el despertador, como parpadeaba y parpadeaba; de pronto se volvió a quedar dormido, escuchando como seguía lloviendo.
En la mañana…
-    Señor Carlos, el vuelo esta listo para mañana alas 6:00 pm.
-    … Bien (organizando papeles)
-    Sus maletas ya fueron enviadas al aeropuerto; su pasaporte esta listo y en los Ángeles ya le aviso la hora de llegada de usted.
-    Bien (revisando hojas blancas)
-    … Señor…
-    … ¿?... ¿Si?
-    Lo extrañaremos cuando se valla.
-    Gracias, eres un muy buen asistente, pero ahora, serás el jefe del departamento, te dejare mi puesto
-    … ¿Qué?... es ¿Es enserio?
-    Si, a ti fue el primero que propuse como mi sustituto.
-    Señor…
-    (sonrisa)
Carlos salía del banco con una sombrilla, preparado  para la  próxima lluvia; bajo al café para ver a Ángel.
-    Hola
-    Hey, hola ¿Cómo esta el trabajo? Ayer te veías preocupado.
-    Todo bien… ya pronto esto acabará… oye
-    ¿Si?
-    Este mañana yo…
-    Espera, tengo que llevar esto a la mesa.
-    …
“No es que no tengas tiempo para mi, o que no quieras darme lo que en silencio te pido, pero supongo que no eres adivino para saber lo que quiero que me des” te miro caminar, haciendo tu trabajo, no estas aquí conmigo y eso me duele…mañana mi vida será mas dura sin tí.”
Carlos dejo a Ángel trabajar, sin despedirse de él, salió del café y se topó con aquel mesero de barba de candado, chaparro y con cara de golpeador.
-    Disculpe joven – dijo el mesero
-    No te preocupes. (Chaparro… inútil que solo se la pasa husmeando en el café)
-    … con permiso (Marica presuntuoso, que solo viene a fingir tomar café para ver a Ángel)
Carlos vió como ese mesero miraba Ángel… - Podría ser que ese mesero también… no no no-. Aun así Carlos siguió pensando en aquel mesero y Ángel, se veía tan feliz Ángel charlando con él, - el mesero chaparro… es muy guapo…. Ángel… harían bonita pare…. –.
La noche paso lenta y dolorosa para Carlos; en un par de horas partiría sin retorno y Ángel desconocía de su amor y de su partida; -¿Cómo el diré todo? En solo un par de horas… para que decirlo, yo me iré…-. Durmió.
En el Aeropuerto. Carlos esperaba impaciente solo 15 minutos para abordar el vuelo; Carlos miraba sus manos y pensaba en que hubiera pasado y él hubiera dicho algo – es imposible… necesito un… - de pronto esa bocina que casi no se le entiende comienza a sonar: “Debido a la tormenta que comenzó a avanzar, todos los vuelos se suspenden hasta que termine ésta… gracias… jódanse”
-¡¡¡Es… es mi oportunidad…!!!- Carlos salió corriendo del Aeropuerto, en plena tormenta -¡Ahhh, me mojo, mojo!-. Miró aun lado de la carretera – ¡Sombrillas; una a 100 y dos a 200!- Ángel corrió hacia el señor y soltó un billete – ¡¡Sólo quiero una!! - Forcejeaba con el señor.
-¡¡Pero no tengo cambio!!
-¡¡Al diablo!!...
Carlos corrió y corrió (Después se canso y tomo un taxi)… - se detuvo… ya no hay vuelta atrás…. Y yo tengo dos sombrillas…-. Pensó Carlos: -Tengo buen tiempo para ver a Ángel y después volver…-
… Una sombrilla comenzaba a levantarse del suelo para abrirse mientras alguien corría desesperadamente. La calle de nuevo comenzó a mojarse… (Sonido de gotas)…
Carlos pensaba en las cosas que le diría, y lo que le respondería…. En lo que pasara después; Carlos sonreía mientras golpeaba con sus zapatos.
-    ¡Ángel!
-    Carlos…
-    (Respiración rápida) yo…
-    Qué pasa… te había dicho alguna vez lo lindo que eras…
-    … Uhh?
El sonido de la lluvia se detuvo. Las voces no existían y la boca de Carlos era el único instrumento que podía escuchar Ángel.
-    Carlos ¿Por qué ahora?
-    No lo sé… lo sé, es tarde. Pero… no podría vivir así…
-    Yo… también, pero… (voltea aun lado)
-    Regresaré… (sonrió)
Ángel se quedo mirando como Carlos partía de nuevo, perdiéndose entre la gente y las gotas. Ángel entro en la lluvia para quitar las mesas que se desbordaban en el agua.
-    Señor Carlos, el vuelo se a suspendido, el nuevo vuelo saldrá dentro de 4 horas-
-    Bien.
Carlos regresaba triunfante, abría de nuevo su sombrilla negra para recibir el amor de Ángel.
Pero…
Como una escena de película, Ángel abrazaba a alguien en la lluvia, la gente miraba como el agua empapaba sus ropas, como el mundo se abría y cerraba por ellos; Carlos sonrió, lanzó una lagrima que nunca nadie vio, se convirtió en agua, y pensó – Cada gota que te toque desde ahora, serán mis lagrimas- Carlos vio al chico con el que Ángel estaba; le lanzo su sombrilla extra y se despidió de ellos, perdiéndose en el brumo de sus lagrimas.
“No me duele tanto el perderte, porque sabrás que cada gota de esta lluvia es una lagrima de felicidad mía… te dejo en buenas manos, Ángel…no me duele tanto porque se que volveré algún día por aquel café que tanto amo tomar cuando estas en mi mente... conmigo”

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texto: Carlos González

imagen: Carlos González

Edicion: Ivonne Maldonado

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viernes, 17 de julio de 2009

Temporada De Lluvia

kengo_200812

-    ¿Me quiere?
-    … (masticando)
-    … ¿Le gusto?
-    …  (masticando)
-    … ¿?
-    Qué puedo decirte.
Dos semanas comiendo juntos, esperándolo fuera de la puerta del café a que terminara su turno, soportando su increíble belleza y personalidad y no podía siquiera decirle algo que era más que obvio ¿En verdad es necesario decirlo? Quizás ya sepa… pero… quizás no. Quizás solo juega; aquel chico que lo viene a buscar no me agrada del todo… - ¡Carlos! -  ese es su nombre; ¿Debería de dejar esto…? ¿Debo… hablar?...
Una mirada fija pero perdida miraba a Sebastain mientras el hacia esas preguntas…
-    ¿Qué debo hacer?
-    …
-    ¿Por qué  amo tanto, y no puedo expresarlo?
-    … …
-    (suspiro)… para que coño te cuento estoy y te cuestiono, eres solo un perro…
-    … (lamida).


Capítulo 3

Debajo de toda lluvia,

debajo de todo crudo

silencio…

 

-    ¡Lista la ensalada!... ¡sopa!... ¡carne!... ¿Sebastian?
Mi rostro parecía una mezcla de psicópata, desvelado, inseguro, e insatisfecho sexualmente; las peguntas sin respuestas evidentes no lograban salir de mi estúpida cabeza; las ordenes solo sonaban pero nunca pasaban a las mesas y esos pobres infelices con cuchara y plato golpeando las mesas me recordaban a una ridícula caricatura.
-    ¡Dejen de molestar! Soy solo un hombre confundido y atormentado por el amor
Pensé en decirles; obviamente no pude hacerlo así que tuve que resignarme e ir a dejar sus platos a las mesas con una sonrisa de gelatina.
¿Qué tendrá de bueno Carlos? ¿Por qué el habla mucho de él? Haré algo al respecto sobre esto, estoy ya harto de pensar en esto todo el tiempo, le diré algo más, terminaré las frases de mi mente en su boca. Sebastian dio un suerte soplido, se golpeo las nalgas dos veces y salió al café de al lado.
-    ¡Ángelll!
-    Ehh?
-    … uhhh….
En ese momento se topo con Ángel y aquel chico que hablaba mucho con él, ese de rostro lampiño, camisa blanca rayada, y un par de zapatos caros. Sebastian solo dijo: - Ahh…- se dio la vuelta y regreso al restaurant; Ángel lo miraba con curiosidad.
Más tarde….
Shuuiitt… shuiitt!!!.... Sebastian jugaba con un encendedor mientas miraba fijamente todo la gene que pasaba frente a el. No sabia que pensar.
-    ¿Estoy bien?
Se preguntaba. Ángel pasaba de un lado a otro, levantado vasos, tazas vacías; suspiros de Sebastian.
Sebastian se mordía una uña y jugaba con el encendedor, cuando Ángel lo comenzó a mirar. Sebastian solo bajó la cabeza y se quitó de la entrada del restaurant… -¿Qué…?- Ángel entristeció.
Una sombrilla comenzaba a levantarse del suelo para abrirse mientras alguien corría desesperadamente. La calle de nuevo comenzó a mojarse… (Sonido de gotas)
-    … Comenzó a llover… muy rápido- susurro entre labios Sebastian. Volteó la mirada al café y vio a Ángel que corría bajo la lluvia a levantar sus mesas.
Sebastian corrió tras él (la gente los comenzó a ver como guardaban manteles)
-    ¡Qué haces!!!- grito Ángel
-    Eso mismo te digo yo, deja eso, ya esta mojado…
-    …
-    ¿E… estabas llorando?
-    …. No…. Solo fue-
(Sonido de una lluvia muy fuerte) la gente se acumulaba frente al café y el restaurant, era inevitable no verlos a los dos ahí parados entre esa tormenta… (La tormenta cedió, pero aun no dejaba de llover del todo) Sebastian tomo los hombros de Ángel, que al sentir alzó más el rostro.
-    ¿Por qué…lloras…te!?
-    No, no puedes verlo?
-    Uhh?
-    Todo este tiempo, todo los días, cada día, cada paso que doy fuera, cada… cada vez que sonrío es por ti, y no puedes notarlo.
-    Yo…
-    ¿No puedes notarlo, sentirlo, decírmelo? No supuse que fueras tan serio… ¿No lo haces con la misma intención que yo?
-    ¿Qué?
-    … Olvídalo… - comenzó a caminar.
La lluvia que caía no podía mojar ya más sus ropas; empapado de pies a cabeza Sebastian tomo el brazo de Ángel y de un jalón lo pego a su pecho.
-    Yo… yo no sé… que puedo decirte, no sé que quieres que yo te diga.
-    …
-    No tengo palabras para decirte algo que es más que obvio.
-    Sebast...
-    Pero debajo de toda lluvia debajo de este  crudo silencio en mi garganta, esta todo el inmenso y cálido amor que yo siento por ti.
Sebastian tomo con su mano derecha el rostro húmedo de Ángel y frente a todas las miradas perturbadas de esas gentes incrédulas e insensibles al amor; con un giro rápido, beso la boca de Ángel, lenta, fuerte y apasionadamente. (La lluvia seguía) las personas comenzaron murmurar risas y palabras; pero el sonido de la lluvia y de sus mudos labios juntos ensordecían todo a su alrededor. Sebastian levanto la mirada y frente a ellos vio una silueta oscura con una enorme sombrilla negra; aquella silueta lanzo una sombrilla que Sebastian atrapó (sin soltar la cintura de Ángel) Sebastian sonrío, la silueta los saludo y desapareció entre la lluvia.
-    Gracias… -
Dijo Sebastian que comenzaba a besar los labios de Ángel de nuevo; abrió esa sombrilla negra y entre un par de sonrisas de los dos sus rostros desaparecieron en aquella sobrilla negra.


"… debajo de toda lluvia, debajo de este  crudo silencio en mi garganta, esta todo el inmenso y cálido amor que siento yo por ti.”

lunes, 13 de julio de 2009

Temporada de lluvia Capítulo 2. Una Insignificante cuchara

Ruidos de ciudad: camiones, gente charlando, maricas riendo por estupideces superficiales, palomas picoteando el suelo y muchos jadeos de personas que no soportan este jodido calor.
Caminaba del gimnasio hacia el restaurant, tranquilo y fresco después de haberme masturbado en la ducha. Tenía un buen tiempo para pasar por el kiosco del centro y comprarle esa cuchara de madera que tanto quiere.
Recordando una charla de ase un par de días
-    ¿una cuchara de madera?
-    Si, de esas que venden las señoras en el kiosco
-    Y… ¿para que la quieres?
-    No lose, solo me gustaría  comprarme una.
En verdad ese chico del café es muy raro; aun así comprare su chuchara y le diré que me la robé de la cocina del restaurant ¿Por qué lo hago? No quiero si quiera pensarlo.
Unos minutos mas tarde; Sebastián caminaba entre la gente mirando esa insignificante cuchara de madera. Cuando choco con alguien.
-    ¡Fíjate, enano!
-    … (no soy enano)
Al regresar a su camino apareció el chico del café; que también apenas llegaba a trabajar.
-    ¡Hey! Sebastián-
-    … ¡Hola! Ángel…
-    ¿Apenas vas a entrar?
-    ¡¡Si!!
-    Eso… que traes entre manos… es ¿una cuchara?
-    Este… ¿cuál?
-    O.o
-    Bueno, es que, la verdad no se para que la quieres, pero no estaba tan cara así que… Pues… ¡me debes 15 pesos por la cuchara!
-    ¿Mande?
Ángel tomó la cuchara de mis manos y sonrió al verla; todo estaba normal bien hasta que levanto la mirada y alzó una ceja y dijo:
-    Gracias, Sebastián.
-    … (trago de saliva)
Y entro al café, mirándome todavía. -¡que mirada!- ¿Habrá descubierto lo que siento por él? ¿Él también…? – hummm - .
La tarde pasó y el cielo comenzó a nublarse –aquí viene de nuevo la lluvia- comencé a guardar los manteles de las mesas de afuera para evitar que se mojaran.
-    Bla!!! Comenzará  a llover- dijo una voz a mi costado
-    Si, Ángel, ya comenzará.
-    ¿Como sabes que soy yo si no me estas mirando?
-    Es obvio ¿no crees?
Las gotas comenzaban a estrellarse entre las mesas de plástico, el aire frío circulaba con más ganas y el cabello (sin verlo) de Ángel comenzaba menearse con su ritmo.
-    ¿Por qué no usas la gorra?
-    No me gusta usarla mucho, además el jefe se fue.
(Sonido de viento y unas cuantas gotas) mis manos doblaban los manteles, las de él apilaban sillas, mis manos  quieren tocar su rostro, dudo que las de él sientan lo mismo. Suspire al ver que me seria imposible. Él se colocó de espaldas a mí y comenzó a hablar.
-    No sé …
-    ¿No sabes qué?
-    No sé, que más saber, ¿lo sabes tú?
-    No se lo que dices.
-    Ni yo, pero un nervio espantoso recorre mi piel cada vez que platico contigo
-    …
-    Quizás tu rostro serio, quizás tu forma de hablar… no sé,
-    … Tú ¿quieres?
No me di cuenta cuando comenzó a llover mas fuerte, me quede ahí,  junto de Ángel; parados, sin decirnos anda mas que mirarnos a los ojos; no había casi nada que decir, solo mirarnos. Sonreí, sonrió, yo me fui a la izquierda a la puerta del restaurant  y el a la derecha a la puerta del café.
“No había mucho que decir, quizás y esa ridícula cuchara de madera era lo único que falta por hacer.”